viernes, noviembre 03, 2006

La Comuna de Oaxaca

Para Marx, la Comuna de París fue la primera insurrección proletaria autónoma. Durante 72 días, del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, un grupo de obreros, artesanos, maestros y profesionistas liberales gobiernan la capital francesa. Acontecimiento mítico que ha inspirado a cientos de libertarios, utopistas y luchadores sociales. Su final fue sangriento: entre 20 y 30 mil comuneros fueron ejecutados cuando las tropas del gobierno nacional francés penetraron en la ciudad. La aportación más significativa de la Comuna de París fue, aunque por un breve lapso, un gobierno de gente ordinaria como alternativa a la imbecilidad de Vicente Fox, perdón, quise decir de Luis Bonaparte.


Curiosamente, México estuvo en cierta forma en el origen de la Comuna. En su testimonio directo Historia de la Comuna de 1871 (libro de referencia para abordar el tema), Lissagaray comienza precisamente con la ruinosa e injusta “expedición” del ejército francés hacia México. En 1861, una coalición formada por Inglaterra, España y Francia invade nuestro país, pero sólo esta última potencia se propuso permanecer en México para instaurar la monarquía. En realidad, Luis Napoleón aprovechaba una coyuntura política: frente a la guerra de secesión en los Estados Unidos, deseaba colocar un poder colonial en México. Pero la resistencia juarista, las amenazas del gobierno estadounidense y el enorme costo de la invasión obligaron a Napoleón III a retirar sus tropas. En Juárez y su México, Ralph Roeder reseña cómo en Francia se comentaba la victoria de Juárez: "Fue aquel indio, aquel hombre de leyes, quien asestó el primer golpe a la fortuna insolente del hombre de diciembre, y las balas que mataron a Maximiliano en Querétaro, penetrando el pecho imperial, acabaron con el prestigio del Cesarismo, que acogió a Francia en los lazos del golpe de Estado. Al entregar su espada al rey de Prusia, en Sedán, el emperador no tenía más que un fragmento que darle: Juárez la había roto." "Tal fue ese republicano que por sí solo acabó con dos emperadores", decía otro ramo de olivo dulceamargo. "No podemos querer a un hombre cuyas grandes cualidades se han manifestado contra Francia; pero debemos honrar, cualesquiera que hayan sido sus errores, a un patriota que rechazó la invasión y del que todos dijeron que no se nos hubiera arrancado la Alsacia y la Lorena si hubiéramos tenido a un Juárez." El balance final fue que a la sangría militar y económica de Francia se sumó una gran inconformidad en la opinión pública francesa y el deshonor frente a las potencias vecinas, en particular la recién unificada Alemania (quien ya usaba en secreto el arma novedosa de la estadística para conocer con exactitud el número de individuos del ejército galo muertos en México). En 1866, los trabajadores franceses se quejaban de que el Emperador hubiese invadido este país lejano y exótico:
-El país es un valle de lágrimas y todo el mundo es despedido, los talleres cierran uno tras otro. Tal vez no sea la culpa del Emperador pero ¿por qué tenía que ir a hacer la guerra a América? -dice un minero en la obra maestra de Emilio Zola, la novela Germinal. Los episodios de ingobernabilidad se desencadenaban en París. En 1869, el ejército imperial reprimió de manera sangrienta una huelga de mineros. En 1870, una formidable manifestación contra el régimen sigue al asesinato del periodista Brad Will, perdón quise decir Victor Noir. Ese mismo año, Luis Napoleón declara la guerra a Bismarck, en parte bajo presión de su esposa Martha, perdón Eugenia. Pero los alemanes, que se habían preparado cuidadosamente y poseían armas superiores (como el cañón Krupp), hacen una carnicería con los galos (más de cien mil muertos). Napoleón III es capturado. Un periódico nacional de la época anunciará la tragedia con una caricatura en la que la lápida de Francia tiene una cruz que indica la invasión de México. El nuevo gobierno francés firma la rendición, promete una millonaria compensación económica, pierde Alsacia y buena parte de Lorena, además de ser humillado cuando los alemanes marchan sobre los Campos Elíseos. Pero el caos también es interno. La población de París se rebela contra la capitulación y contra su propio gobierno. La Comuna de París fue un esfuerzo valiente de organización social frente a la bajeza en la que cayó el Estado francés. Los parisinos asumieron el mando de la guardia civil, de los servicios públicos y diseñaron una federación de comités locales. ¿Pero qué leyes y políticas concretas aportó? Muchas de ellas, que entonces eran radicales, hoy nos parecen obvias e incluso modestas. Por ejemplo, la prohibición a los patrones de retener salarios e imponer multas económicas a los obreros, la abolición del trabajo nocturno de los panaderos, la jornada de trabajo de 10 horas, la educación laica y gratuita. Otras medidas fueron producto de la necesidad de facto en el contexto del sitio de París, como la liberación de prendas empeñadas en el Monte Pío .




Finalmente, algunas quedaron como normas programáticas, como la adjudicación de las empresas abandonadas a los obreros. En todo caso, éstas leyes eran ansiadas por los interesados, en vez de los proyectos guerreros del emperador. Pero lo que causó la celebridad mundial de este acontecimiento no fueron su programa (votado casi sin discusión), ni sus conquistas administrativas, sino el hecho inaudito y subversivo de que la sociedad civil ejerciese el poder directamente y que los nombramientos de todos sus representantes pudiesen ser revocados en cualquier instante. Ello provocó azoro y odio a nivel internacional (periódicos estadounidenses de la época pedían exterminar a los comuneros a sangre y fuego para sentar un precedente para la posteridad).



La Comuna de París no fue otra cosa sino un municipio autónomo y rebelde. Dicho sea de paso, Adolfo Gilly, en su libro sobre la Revolución Mexicana, califica a la unión de los municipios libres zapatistas como la Comuna de Morelos. Los comuneros de 1871 no desafiaban al Estado porque hubiesen leído a Marx o Bakunin, sólo una minoría cargaba con teorías políticas abstractas y supongo que ninguno soñaba con dedicar su vida a administrar los servicios municipales. Eran gente común y corriente enfrentados a la extraordinaria ineptitud e indecencia de sus gobernantes. Como los oaxaqueños hoy.

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